El amor propio: después del amor a Dios, es el primer amor.

El amor más importante que debemos tener en nuestra vida es sin duda alguna el amor a Dios… y el segundo en importancia debería ser el amor propio. ¡Sí!, amarnos a nosotros mismos, valorarnos, respetarnos, comprendernos, perdonarnos…debería hacer parte de la esencia humana desde siempre. Y es que, ¿cómo vamos a amar sanamente a los otros si ni siquiera nos amamos a nosotros mismos?. El amor propio no puede confundirse con creernos más que nadie ni con vanidad; es simplemente el primer paso para luego poder entregar al mundo entero, de una manera sana, todo el amor que tenemos en nuestro corazón.

Cuando uno se ama a sí mismo, puede descubrir sus virtudes y trabajar en sus debilidades; puede también poner límites sanos en las relaciones y no dejar que pisoteen su dignidad. En las relaciones de pareja, por ejemplo, es más que necesario saber qué se negocia y qué no. Cuando falta el amor propio, suele suceder que permitamos que nos digan o hagan cosas indignas para nuestra condición de seres humanos merecedores de todo el respeto y llenos de dignidad.

Amarse así mismo es descubrir las maravillas que hay dentro de nosotros y de esa misma manera ponerlas al servicio de los demás. Cuando el amor propio aflora, se vive en gratitud con Dios porque, reconocernos valiosos, es también reconocer con gratitud que fuimos obra perfecta de Nuestro Señor.

OLGA-UMAÑA

Por:  Olga Umaña

Realizadora y presentadora Tele VID

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