A veces en este caminar de la vida se nos olvida que solo a Dios debemos adorar e idolatrar. Debemos estar muy atentos a si de pronto nos hemos salido del camino y hemos comenzado a endiosar a personas, cosas o anhelos que lo único que hacen es alejarnos de ese gran deseo de eternidad.
Nuestra propuesta de hoy es que evitemos esas idolatrías que a veces pasan tan desapercibidas pero que siempre nos generan tanto daño y dolor.
Cuando algún asunto de nuestra vida nos quita la paz y se convierte en una obsesión al punto de que nuestros pensamientos solo van hacia allá podría estarse dando una idolatría.
Idolatrar el dinero, el placer, el poder; incluso darle poderes divinos a las imágenes santas nos podrían estar llevando a concentrar nuestra fe en lo que definitivamente no es. Idolatrar a un equipo de fútbol, a las prácticas de adivinación, a la pareja no es lo correcto si nos hacemos llamar Cristianos.
La invitación entonces es a que evaluemos si nuestra fe está bien dirigida; es decir, que esté enfocada y centrada únicamente en Nuestro Señor.
Por: Olga Umaña
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