Evangelio de hoy lunes 26 de octubre
«Mujer, quedas libre de tu enfermedad»
Lucas 13, 10-17
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 13, 10-17
Un sábado, enseñaba Jesús en una sinagoga.
Había una mujer que desde hacía dieciocho años estaba enferma por causa de un espíritu, y estaba encorvada, sin poderse enderezar de ningún modo.
Al verla, Jesús la llamó y le dijo:
«Mujer, quedas libre de tu enfermedad».
Le impuso las manos, y enseguida se puso derecha. Y glorificaba a Dios.
Pero el jefe de la sinagoga, indignado porque Jesús había curado en sábado, se puso a decir a la gente:
«Hay seis días para trabajar; venid, pues, a que os curen en esos días y no en sábado».
Pero el Señor le respondió y dijo:
«Hipócritas: cualquiera de vosotros, ¿no desata en sábado su buey o su burro del pesebre, y los lleva a abrevar?
Y a esta, que es hija de Abrahán, y que Satanás ha tenido atada dieciocho años, ¿no era necesario soltarla de tal ligadura en día de sábado?».
Al decir estas palabras, sus enemigos quedaron abochornados, y toda la gente se alegraba por todas las maravillas que hacía.
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
Enderezar la mirada y el corazón: La compasión que no espera ante el dolor ajeno
El relato del Evangelio de Lucas (13, 10-17) presenta a una mujer encorvada durante dieciocho años que recobra su dignidad en sábado gracias a la acción directa de Jesús. La escena expone la tensión entre un rigorismo religioso que antepone la norma a la vida humana y la lógica de la gracia divina, que no posterga jamás la liberación y el auxilio al hermano necesitado.
Dejarse mirar por Dios para ponerse en pie
La mujer del relato no pide el milagro ni pronuncia una súplica; es Jesús quien toma la iniciativa al verla y llamarla:
Exponerse a la mirada divina: Vivir espiritualmente exige la valentía de dejarse mirar por Cristo en la propia vulnerabilidad. Aunque Dios conoce cada herida, es necesario colocarse ante su presencia con sencillez y reconocer las cargas que pesan sobre el alma.
El peso que encorva la existencia: Llevar dieciocho años sin poder enderezarse representa aquellas ataduras —culpas, amarguras, miedos o resentimientos— que obligan a mirar permanentemente al suelo, impidiendo contemplar el rostro de Dios, integrarse en la comunidad o reconocer la mirada del semejante.
Sanar para glorificar: Al recuperar la postura erguida, la mujer glorifica de inmediato al Señor. La acción sanadora de Dios no busca el olvido egoísta ni la autosuficiencia, sino despertar una gratitud honda que devuelva la alabanza y la alegría a la vida cotidiana.
La hipocresía del legalismo frente a la dignidad humana
La indignación del jefe de la sinagoga ante una curación en día sábado refleja la ceguera de quien reduce la fe a un cumplimiento formal desprovisto de misericordia:
Desarmar falsas prioridades: Jesús desenmascara la incoherencia de quienes cuidan y desatan a sus animales de labor en sábado para abrevarlos, pero se escandalizan cuando una persona, «hija de Abraham», es liberada de una opresión de casi dos décadas.
La persona por encima de la norma: Las estructuras y las leyes religiosas pierden su sentido cuando se convierten en trampas que asfixian la vida. Para Dios no hay fechas vedadas ni horarios restrictivos: todos los días son propicios para obrar el bien y restaurar la dignidad pisoteada.
La urgencia del amor: Ayudar hoy sin aplazamientos
Inspirada en la máxima agustiniana de «ama y haz lo que quieras», la libertad cristiana encuentra su verdadero sentido cuando se orienta a la caridad activa:
La necesidad no da espera: El sufrimiento ajeno no admite excusas burocráticas ni postergaciones cómodas. Si un hermano padece soledad, rechazo o dolor, la respuesta del creyente debe ser inmediata, aquí y ahora.
De la curación a la misión: Quien experimenta la misericordia de Jesús y se pone en pie queda comprometido a desatar las ligaduras de los demás. La fe auténtica se manifiesta cuando una vida liberada se pone en salida para aliviar, sostener y devolver la esperanza a quienes todavía caminan agobiados bajo el peso de sus enfermedades.

