Evangelio de hoy domingo 25 de octubre
«Amarás a tu prójimo como a ti mismo»
Mateo 22, 34-40
Lectura del Santo Evangelio según San Mateo 22, 34-40
En aquel tiempo, los fariseos, al oír que Jesús había hecho callar a los saduceos, se reunieron en un lugar y uno de ellos, un doctor de la ley, le preguntó para ponerlo a
prueba:
«Maestro, ¿cuál es el mandamiento principal de la ley?».
Él le dijo:
«“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, con toda tu alma, con toda tu mente”.
Este mandamiento es el principal y primero. El segundo es semejante a él:
“Amarás a tu prójimo como a ti mismo”.
En estos dos mandamientos se sostienen toda la Ley y los Profetas».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
El mandamiento principal: El amor como decisión de la voluntad y fundamento de la vida
El pasaje de Mateo (22, 34-40) sitúa a Jesús ante una pregunta capciosa formulada por un doctor de la ley para ponerlo a prueba. Frente al cálculo formalista de sus interlocutores, el Maestro va a la raíz de toda la revelación bíblica: el amor total a Dios y el amor al prójimo como a uno mismo son los dos pilares inseparables sobre los que se sostiene la plenitud de la fe.
El amor como determinación y no como mero sentimiento
Reducir el amor a una emoción pasajera o a un estado de ánimo lo vuelve frágil e inconstante ante las dificultades cotidianas:
Una opción de la voluntad: El verdadero amor cristiano nace en la decisión consciente de buscar el bien. No depende de la simpatía espontánea, sino de la determinación firme de actuar con generosidad y fidelidad.
Romper las cadenas del rencor: Decidirse por el amor exige valentía para desarmar el odio, perdonar a quien ha causado daño y responder con bendición ante las críticas o la incomprensión. Amar al estilo de Jesús implica transformar las intenciones del corazón en obras concretas de reconciliación.
La dignidad personal: Amarse a sí mismo para reconocer al hermano
El mandato evangélico establece una medida indispensable: «amarás a tu prójimo como a ti mismo». No es posible construir relaciones sanas ni transparentar la compasión si se vive en conflicto permanente con la propia historia:
Reconocer el valor interior: Cada ser humano ha sido creado a imagen y semejanza de Dios. Quien no se valora, se respeta ni cuida su dignidad difícilmente podrá reconocer en el prójimo a un semejante digno de respeto y cuidado.
Reconciliación con la propia vida: A través del silencio y la oración íntima, la persona aprende a conocerse, a aceptar sus fragilidades y a sanar los errores del pasado para proyectarse hacia el futuro con serenidad y madurez.
La síntesis de la fe: Amar a Dios reflejado en el prójimo
La entrega a Dios con todo el corazón, con toda el alma y con toda la mente no puede ser una abstracción espiritual desconectada de la realidad diaria:
Verificar la fe en los hechos: El amor a Dios se vuelve auténtico cuando se traduce en decisiones a favor del hermano: levantar al que ha caído, animar al desanimado y erradicar cualquier actitud que busque destruir, juzgar o humillar.
Vivir con el corazón de Cristo: Poner el amor en el centro de los pensamientos, deseos y proyectos es la única respuesta que otorga sentido a los mandamientos, haciendo que la existencia cotidiana refleje verdaderamente el rostro misericordioso del Evangelio.
