Evangelio de hoy martes 20 de octubre
«Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela”»
Lucas 12, 35-38
Lectura del Santo Evangelio según San Lucas 12, 35-38
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Tened ceñida vuestra cintura y encendidas las lámparas. Vosotros estad como los hombres que aguardan a que su señor vuelva de la boda, para abrirle apenas venga y llame.
Bienaventurados aquellos criados a quienes el señor, al llegar, los encuentre en vela; en verdad os digo que se ceñirá, los hará sentar a la mesa y, acercándose, les irá sirviendo.
Y, si llega a la segunda vigilia o a la tercera y los encuentra así, bienaventurados ellos».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
Estar en vela con las lámparas encendidas: La mística de ojos abiertos y la urgencia de amar
La exhortación de Jesús en el Evangelio de Lucas (12, 35-38) a mantener la cintura ceñida y las lámparas encendidas sitúa la vigilancia cristiana más allá de una simple espera pasiva. Estar en vela no significa permanecer despiertos físicamente, sino mantener una lucidez espiritual y existencial que reconozca la presencia de Dios y atienda con prontitud las necesidades del entorno.
La «mística de ojos abiertos»
Tener los ojos abiertos en la cotidianidad no garantiza estar despiertos; con frecuencia se vive adormecido ante el sufrimiento, las alegrías o las urgencias de quienes nos rodean:
Atentos a Dios y a la realidad: Siguiendo la intuición teológica de la mística de ojos abiertos, Jesús enseña una espiritualidad encarnada: una mirada elevada al Padre en la oración constante y, a la vez, profundamente atenta a las circunstancias concretas de la historia humana.
Romper el adormecimiento interior: El letargo del alma sobreviene cuando la rutina, las preocupaciones pasajeras y el egoísmo nublan la sensibilidad, impidiendo descubrir las llamadas cotidianas a la caridad y a la gracia.
Las lámparas encendidas: Vivir haciendo el bien
En la tradición bíblica, aguardar el regreso del Señor del banquete de bodas convoca a una preparación activa y gozosa:
La fe traducida en caridad continua: Mantener encendida la lámpara equivale a perseverar en las buenas obras. Estar preparados no consiste en angustiarse por el juicio final o la muerte, sino en vivir ocupados en amar, servir y procurar la paz interior.
Una conciencia serena: El siervo vigilante no teme la llegada del dueño porque su vida cotidiana es coherente con el Reino. Quien vive entregado a la verdad experimenta la tranquilidad de saberse sostenido en la misericordia divina.
La urgencia de perdonar y no postergar el amor
La fragilidad y la incertidumbre del tiempo humano demandan una respuesta inmediata en el cuidado de los afectos:
Superar el rencor a tiempo: Nada desfigura más la vigilancia espiritual que permanecer dormidos en el odio o la división familiar. Nadie tiene asegurado el día de mañana ni el regreso seguro de sus seres queridos al anochecer.
El momento de actuar es hoy: Expresar gratitud, pedir perdón, abrazar y desterrar las asperezas son tareas impostergables. Vivir en vela exige limpiar el corazón de amarguras para que, ante cualquier llamada del Señor, la existencia esté colmada de amor, reconciliación y paz.



