Evangelio de hoy Lunes 7 de septiembre
«¿Qué está permitido en sábado?»
Lucas 6, 6-11
Lectura del Santo Evangelio según Lucas 6, 6-11
Un sábado, entró Jesús en la sinagoga y se puso a enseñar.
Había allí un hombre que tenía la mano derecha paralizada.
Los escribas y los fariseos estaban al acecho para ver si curaba en sábado, y encontrar de qué acusarlo.
Pero él conocía sus pensamientos y dijo al hombre de la mano atrofiada:
«Levántate y ponte en medio».
Y, levantándose, se quedó en pie.
Jesús les dijo:
«Os voy a hacer una pregunta: ¿Qué está permitido en sábado?, ¿hacer el bien o el mal, salvar una vida o destruirla?».
Y, echando en tomo una mirada a todos, le dijo:
«Extiende tu mano».
Él lo hizo y su mano quedó restablecida.
Pero ellos, ciegos por la cólera, discutían qué había que hacer con Jesús.
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
Sanar en el descanso: La compasión por encima del rigor formal
El milagro de la curación del hombre de la mano paralizada en día de descanso revela que la verdadera adoración a Dios no consiste en la observancia rígida de normas, sino en la defensa de la vida, la compasión activa y la restauración de la dignidad humana.
El descanso divino como acto de liberación
Sanar como culto auténtico: Frente a la mirada fiscalizadora de quienes buscan acusarlo, Jesús plantea una pregunta decisiva: «¿Qué está permitido en sábado: hacer el bien o hacer el mal, salvar una vida o destruirla?». Dios no concibe el descanso como una inactividad indiferente, sino como el espacio propicio para curar, abrazar y devolver la esperanza.
Superar la trampa del legalismo: Quedarse atrapado en la norma formal mientras el prójimo padece una limitación o sufrimiento equivale a vaciar la fe de su sentido original. El amor y el bien supremo siempre están por encima de cualquier estructura rígida.
La restauración integral de la persona
Más allá de la cura física: Extender la mano derecha tullida no representa únicamente un fenómeno corporal; significa capacitar de nuevo al hombre para el trabajo, el abrazo fraterno, el saludo sincero y la alabanza comunitaria.
Salir de la parálisis: La orden de Jesús («Levántate y ponte en medio») invita a abandonar la marginación y la vergüenza, colocando a la persona doliente en el centro de la atención y del cuidado.
Sanar el corazón tullido
De la ceguera a la transformación: Quienes se encierran en la ira y la rigidez quedan incapacitados para alegrarse con el bien ajeno. La confrontación de Jesús obliga a tomar una posición: o nos cerramos en el juicio, o dejamos que su palabra transforme nuestras propias zonas heriditas o endurecidas.
Disponer el alma con humildad: Todos albergamos parcelas del corazón marchitas por el rencor, el mal genio o el dolor. Abrirse a la gracia exige paciencia con uno mismo, amor propio sin egoísmo y la disposición de extender nuestras fragilidades ante la presencia que todo lo renueva.






