Evangelio de hoy Domingo 6 de septiembre
«Todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos»
Mateo 18, 15-20
Lectura del Santo Evangelio según Mateo 18, 15-20
En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si tu hermano peca contra ti, repréndelo estando los dos a solas. Si te hace caso, has salvado a tu hermano.
Si no te hace caso, llama a otro o a otros dos, para que todo el asunto quede confirmado por boca de dos o tres testigos. Si no les hace caso, díselo a la comunidad, y si no hace caso ni siquiera a la comunidad, considéralo como un pagano o un publicano.
En verdad os digo que todo lo que atéis en la tierra quedará atado en los cielos, y todo lo que desatéis en la tierra quedará desatado en los cielos.
Os digo, además, que si dos de vosotros se ponen de acuerdo en la tierra para pedir algo, se lo dará mi Padre que está en los cielos. Porque donde dos o tres están reunidos en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
La mano abierta de Dios: Creatividad para salvar y fortaleza en la comunidad
A lo largo de la historia, la actitud divina nunca ha sido el abandono, sino el retorno constante para ofrecer amparo y protección. Frente a cualquier intento humano de limitar la gracia, la misericordia se manifiesta como una mano siempre abierta que busca restaurar a la persona en sus momentos de fragilidad.
Dios como presencia inagotable y brazo extendido El amor de Dios no depende de la perfección humana. Pese a las caídas, conflictos o desviaciones, la respuesta divina es siempre una oferta renovada de consuelo y salvación. Intentar cerrarle las puertas a esa gracia resulta imposible, pues su naturaleza es ser un refugio permanente de brazos extendidos.
Creatividad para la reconciliación y la corrección fraterna El Evangelio invita a desplegar la misma insistencia y pedagogía divina para rescatar y cuidar al prójimo:
Mirar el entorno inmediato: La necesidad de consuelo o corrección amorosa suele estar muy cerca: en la familia, en el hogar o en el espacio de trabajo cotidiano.
Superar la apatía con ingenio: En lugar de canalizar la inteligencia en divisiones o críticas, la fe exige poner el ingenio al servicio del bien, buscando estrategias para reconstruir lazos y acompañar al que se ha extraviado.
La certeza de la presencia en comunidad La declaración de que donde dos o tres se reúnen en su nombre allí está el Resucitado consolida la dimensión comunitaria de la fe:
Comunión compartida: La espiritualidad no es un proyecto aislado; se nutre en el encuentro, en la oración sostenida con otros y en la certeza de que el camino se recorre en fraternidad.
Confianza sin reservas: Acudir a Dios con oraciones sinceras y perseverantes no encuentra restricciones ni límites. La actitud filial consiste en pedir con soltura y esperanza, reconociendo que el Padre se alegra al sostener a sus hijos.
Asumir a Dios como una mano abierta exige convertirse en extensión de ese mismo apoyo. En momentos de incertidumbre personal o colectiva, la verdadera respuesta comunitaria consiste en apostar por la solidaridad, la reconciliación y el acompañamiento mutuo.






