Valoremos y cuidemos a nuestros sacerdotes
En días pasados conmemorábamos el Día de Jesucristo Sumo y Eterno Sacerdote; por eso en TU DULCE COMPAÑÍA quisimos rendirle un homenaje a todos estos hombres que decidieron entregar su vida entera a evangelizar y a amar sin medida. No olvidemos que nuestros sacerdotes de la Iglesia Católica se apartan de su familia y de su entorno para dedicarse a su vocación; vocación que implica sacrificios y esfuerzos y que lo único que pretende es acompañar en la fe y dar esperanza a todos nosotros los creyentes.
«El sacerdocio es el amor del Corazón de Jesús.»
SAN JUAN MARÍA VIANNEY
Es probable que todos hayamos tenido a lo largo de nuestra vida a un guía espiritual que nos haya aconsejado y acompañado en nuestros momentos difíciles; en esos momentos los sacerdotes se convierten en confidentes, en familia, en la voz del Espíritu Santo dando dándonos su aliento y logrando a través de sus palabras resignificar nuestra existencia.
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Pensemos también en todos esos sacerdotes misioneros que en los lugares más inhóspitos y apartados del mundo acompañan a comunidades vulnerables tanto en la evangelización como en la construcción del tejido social y de las condiciones básicas para su bienestar. Ser sacerdote es amar, escuchar, acompañar, catequizar, curar el alma…; acciones invaluables y heróicas que nos llevan a pensar que en este mundo hay todavía esperanza.
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Gracias a todos los sacerdotes que día a día nos siguen recordando que el amor de Dios es el que le da sentido a nuestra existencia.
«La mayor gloria que podemos dar a Dios es la salvación de las almas. Los sacerdotes son instrumentos privilegiados para este fin.»
SANTA TERESA DE JESÚS.
Por: Olga Umaña
