Novena Fieles Difuntos

«La fe nos asegura que los lazos que nos unen en esta vida no se rompen con la muerte, se fortalecen en Cristo»
Juan Pablo II

Por la señal de la Santa Cruz de nuestros enemigos líbranos Señor, Dios nuestro, en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, Amén. 


Acto de contrición

Jesús, mi Señor y redentor, yo me arrepiento de todos los pecados que he cometido hasta hoy, y me pesa de todo corazón porque con ellos he ofendido a un Dios tan bueno. Propongo firmemente no volver a pecar y confío que por tu infinita misericordia me has de conceder el perdón de mis culpas y me has de llevar a la vida eterna. Amén

Oración inicial para todos los días


Padre misericordioso, en unión con la iglesia triunfante en el cielo, te suplico tengas piedad de las almas del purgatorio. Recuerda tu eterno amor por ellas y muéstrales los infinitos méritos de tu Amado Hijo. Dígnate librarles de penas y dolores, para que pronto gocen de paz y felicidad.

Dios, Padre celestial, te doy gracias por el don de la perseverancia que has concedido a las almas de los fieles difuntos. Amable salvador, Jesucristo, eres el rey de reyes en el país de la dicha. Te pido que por tu misericordia hoy de mi oración se liberen las almas del purgatorio, en particular a las personas que encomiendo en esta novena…

(Hacemos un momento de silencio y pedimos por esas personas en particular.)

 Se reza el Padre Nuestro y el Ave maría

Se reza esta jaculatoria: 
Guia: Dale Señor el descanso eterno
Todos: Brille para ellos la luz perpetua

Día primero

La fe en el Redentor frente al misterio de la muerte.

Job 19, 25-27a

«Yo sé que mi Redentor vive, y que al final se alzará sobre el polvo. Después que me hayan arrancado la piel, ya sin mi carne, veré a Dios. Yo mismo lo veré, mis propios ojos lo contemplarán, no los de otro.»

Dios de misericordia y amor, ponemos en tus manos amorosas a nuestros hermanos y hermanas que has llamado de esta vida a tu presencia. Concédeles, Señor, pasar con seguridad las puertas de la muerte y gozar de la luz y la paz eterna. Amén.

En este día elevamos nuestras peticiones por:

Las madres en el cielo.

Señor, hoy nos detenemos ante el recuerdo de las madres para que les permitas habitar la luz serena de tu regazo, donde el cansancio se transforma en descanso eterno y donde el amor que sembraron florece para siempre en tu presencia. Recíbelos en tu regazo. 

Día segundo.

Las almas de los justos en las manos del Creador

Sabiduría 3, 1-3

«Las almas de los justos están en las manos de Dios y ningún tormento las alcanzará. A los ojos de los insensatos parecieron morir, y su partida fue tenida por una desgracia, y su salida de entre nosotros por una ruina; pero ellos están en paz.»

Señor, te encomendamos humildemente, nuestros difuntos a quienes en esta vida mortal siempre protegiste con inmenso amor; ahora que han sido liberados de todo mal, llévalos al descanso eterno. Imploramos tu clemencia para que los conduzcas al paraíso donde ya no existe ni la muerte, ni la angustia, ni el sufrimiento, sino la paz y el gozo en compañía de tu Hijo y el Espíritu Santo por los siglos de los siglos. Amén.

Día tercero.

Cristo, Señor de vivos y muertos

Romanos 14, 7-9

«Ninguno de nosotros vive para sí mismo y ninguno muere para sí mismo. Si vivimos, para el Señor vivimos; y si morimos, para el Señor morimos. Así pues, sea que vivamos o que muramos, del Señor somos. Porque Cristo para esto murió y resucitó: para ser Señor de vivos y muertos.»


Dios, refugio y fortaleza nuestra, tú que escuchas con amor el llanto de tu pueblo, oye las oraciones que te ofrecemos por nuestros hermanos y hermanas que han fallecido; purifícalos de sus pecados y concédeles la plenitud de la redención.

Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Día cuarto.

Jesús es la Resurrección y la Vida

Juan 11, 25-26

«Jesús le dijo: “Yo soy la resurrección y la vida. El que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y todo el que vive y cree en mí, no morirá para siempre.»


Dios Padre nuestro; recibe con amor a tus fieles difuntos en tu morada celestial y a nosotros, ayúdanos a proseguir con ánimo el camino de nuestra vida, hasta que un día nos reunamos junto a ti. Que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.

Día quinto.

La promesa de la morada celestial

Juan 14, 1-3

«No se turbe su corazón. Crean en Dios, crean también en mí. En la casa de mi Padre hay muchas moradas; si no fuera así, se lo habría dicho. Voy a prepararles un lugar, y cuando haya ido y les haya preparado un lugar, volveré y los tomaré conmigo, para que donde yo esté, estén también ustedes.»


Hoy queremos elevar el espíritu y el corazón hacia esos hermanos nuestros que ya han alcanzado su Pascua, queremos encomendarlos al Buen Dios, para que los reciba en la luz que no tiene fin, para que gocen de la presencia del Señor. Amén.

Día sexto.

Nada puede apartarnos del amor divino

Romanos 8, 38-39

«Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni lo presente, ni lo futuro, ni los poderes, ni la altura, ni la profundidad, ni criatura alguna podrá separarnos del amor de Dios manifestado en Cristo Jesús, Señor nuestro.»

Señor, Padre Santo y Bueno, Dios todopoderoso y eterno, humildemente te suplicamos por los fieles difuntos, a quienes llamaste de este mundo a tu presencia; dígnate llevarlos al lugar del descanso, de la luz, y de la paz. Amén.

Día séptimo.

Esperanza cristiana frente al llanto de la despedida

1 Tesalonicenses 4, 13-14

«Hermanos, no queremos que ignoren la suerte de los que han muerto, para que no se entristezcan como los demás que no tienen esperanza. Pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios llevará con Jesús a los que murieron en él.»

Señor mío Jesucristo, que a los que no se preparan a tiempo para la muerte, recibiendo bien los últimos sacramentos y purificándose de los residuos de la mala vida pasada, los purificas en el purgatorio con terribles tormentos: te suplicamos, Señor, por los que murieron sin prepararse y por todos los demás, rogándote que les concedas a todos ellos la gloria y a nosotros recibir bien los últimos sacramentos. Amén.

Día octavo.

La transformación final y la victoria sobre el sepulcro

1 Corintios 15, 54b-55. 57

«Se ha cumplido lo que está escrito: “La muerte ha sido devorada en la victoria. ¿Dónde está, muerte, tu victoria? ¿Dónde está, muerte, tu aguijón?”. ¡Pero gracias a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo!»

Padre misericordioso, te suplicamos tengas piedad de las almas del Purgatorio. Dígnate librarles de penas y dolores para que pronto gocen de paz y felicidad. Amén.

Día noveno.

La nueva creación y el consuelo eterno

Apocalipsis 21, 3b-4

«Dios mismo estará con ellos. Él enjugará toda lágrima de sus ojos; y ya no habrá muerte, ni duelo, ni llanto, ni dolor, porque las cosas anteriores han pasado.»

Escucha, Señor, nuestras súplicas y haz que tus fieles difuntos, que han salido de este mundo, sean perdonados de sus pecados y libres de toda pena, gocen junto a ti la vida inmortal; Por Jesucristo, nuestro Señor. Amén.

Oración de intercesión diaria

Oh Dios, Padre y creador nuestro: Cristo, tu Hijo, triunfó sobre el pecado, el mal y la muerte; concede que todas las almas que nos han precedido en la vida de la fe, especialmente aquellas por las que pedimos en esta Novena, participen de su victoria y de la visión de tu gloria en el Cielo. Donde Cristo vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, y es Dios por los siglos de los siglos. Amén.

 

Súplica final

Oh Dios mío de quien es propio compadecerse y perdonar,
te rogamos por las almas del purgatorio.

Guia:Dale Señor el descanso eterno
Todos:Brille para ellos la luz perpetua

Lista de reproducción

1 Vídeos