Evangelio de hoy Viernes 25 de septiembre
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?»
Lucas 9, 18-22
Lectura del Santo Evangelio según Lucas 9, 18-22
Una vez que Jesús estaba orando solo, lo acompañaban sus discípulos y les preguntó:
«¿Quién dice la gente que soy yo?».
Ellos contestaron:
«Unos, que Juan el Bautista; otros, que Elías, otros dicen que ha resucitado uno de los antiguos profetas».
Él les preguntó:
«Y vosotros, ¿quién decís que soy yo?».
Pedro respondió:
«El Mesías de Dios».
Él les prohibió terminantemente decírselo a nadie, porque decía:
«El Hijo del hombre tiene que padecer mucho, ser desechado por los ancianos, sumos sacerdotes y escribas, ser ejecutado y resucitar al tercer día».
Palabra del Señor
Reflexión del evangelio
¿Quién es Jesús para ti?: De la fe heredada a la experiencia personal
La pregunta que Jesús plantea a sus discípulos en el Evangelio de Lucas —«¿Quién dicen ustedes que soy yo?»— no busca una respuesta teórica ni un repaso de la opinión pública. Es una interpelación directa que confronta la madurez y la profundidad del corazón.
Más allá de la fe de oídas Es habitual construir la vida de fe sobre lo que otros han transmitido: la tradición familiar, la devoción de los abuelos o las frases aprendidas. Sin embargo, una espiritualidad sostenida únicamente en conceptos ajenos resulta frágil. Mientras la fe no nazca de un encuentro íntimo, directo y experimentado en la propia vida, se mantendrá como una simple costumbre cultural.
La experiencia personal como ancla en la prueba La razón por la cual la pregunta sobre la identidad de Jesús precede inmediatamente al anuncio de su pasión no es casual:
Resistencia en la adversidad: Cuando se presentan la enfermedad, la pérdida o la incertidumbre, las certezas puramente teóricas tienden a derrumbarse. Solo una vivencia real del amor de Dios ofrece el firme sustento que evita caer en la desesperanza.
Una mirada distinta ante el dolor: Enfrentar la prueba con fe no implica negar la tristeza ni reprimir las emociones; significa elegir no vivir el sufrimiento desde el resentimiento, sino desde la certeza de estar acompañado.
Aceptar la vulnerabilidad humana Sentir cansancio, desánimo o fragilidad es parte de la condición humana, sin importar la profesión, el nivel de formación o el rol que se ejerza. Levantar la mano y admitir que se atraviesa por un momento difícil es un acto de honestidad interior. La fe no elimina los problemas ni evita los días oscuros, pero transforma el punto de partida para superarlos: sabiendo que la vida no se sostiene en las propias fuerzas, sino en una presencia que acompaña hasta en los momentos de mayor dificultad.






