Cómo manejar la ansiedad en una situación de emergencia

El cuerpo puede estar a salvo, pero la mente puede tardar un poco más en entenderlo.

El terremoto que sacudió a Colombia el pasado 10 de agosto de 2026, con magnitud 7,4 y epicentro en San José del Palmar, Chocó, puso a miles de personas frente a una situación inesperada que activó una de las respuestas más básicas del ser humano: la alarma.

Ante un evento de esta magnitud es normal sentir miedo, angustia, palpitaciones, temblor, dificultad para concentrarse, necesidad de estar constantemente informado o incluso sensación de que la tierra continúa moviéndose. La Organización Mundial de la Salud explica que, después de una emergencia, son frecuentes las reacciones de ansiedad, tristeza, irritabilidad, alteraciones del sueño y agotamiento. En muchas personas estas respuestas disminuyen con el paso del tiempo.

 

Por eso es normal estar ansiosos y nerviosos luego de un sismo.  Puede ser la respuesta normal de un cerebro que acaba de experimentar una amenaza.

Cuando ocurre un terremoto, nuestro cerebro no tiene tiempo para analizar la situación con calma y nuestro instinto de supervivencia nos hace protegernos.

Se activa el sistema de alarma y aparecen respuestas físicas como aumento de la frecuencia cardíaca, tensión muscular, respiración rápida, sudoración y estado de vigilancia. El problema puede aparecer después, cuando el evento ya terminó, pero nuestro cerebro continúa buscando señales de peligro.

Esto puede explicar por qué algunas personas sienten que vuelven a temblar, aunque el movimiento ya haya terminado. También pueden aparecer sobresaltos ante un ruido, miedo a permanecer dentro de una vivienda o necesidad de comprobar constantemente las noticias.

El objetivo no es decirle al cerebro “no tengas miedo”. El objetivo es ayudarlo a recuperar progresivamente la sensación de seguridad.

¿Qué hacer cuando aparece una crisis de ansiedad?

Desde el enfoque que hemos trabajado en Amigos de tu Salud con el psiquiatra Cristian Vargas, una de las claves es comprender que, en momentos de pánico, primero debemos regular el cuerpo para poder ordenar la mente.

Lo primero que podemos hacer es dejar estar las emociones con naturalidad y no reprimirlas. Nombra lo que sentimos nos ayuda en el proceso y a distanciarla; luego, podemos activar una respiración lenta y consciente; al concentrarnos en nuestro cuerpo y lo que está sintiendo, podemos recuperar la calma. Una estrategia clave es volver a presente y esto lo logramos identificando lo que tenemos alrededor, tocando, apoyar los pies en el suelo y observar los objetos que tenemos cerca.

No nos sobreinformemos; el doctor Cristian nos recomienda recibir información una o dos veces al día para estar enterados, pero no debemos estar revisando noticias y videos compulsivamente.  La exposición constante a noticias sobre una tragedia puede mantener activa la sensación de amenaza y alimentar la ansiedad.  Por eso es recomendable informarse a través de fuentes oficiales y establecer momentos concretos para consultar las noticias, en lugar de permanecer permanentemente conectado.

La información debe ayudarnos a tomar decisiones, no convertirse en una fuente permanente de miedo.

 

No todas las personas reaccionan igual

Una persona puede sentir miedo inmediatamente después del terremoto. Otra puede mantenerse aparentemente tranquila y experimentar ansiedad horas o días después.

También puede ocurrir que alguien continúe realizando sus actividades normalmente, pero tenga dificultades para dormir, sobresaltos, irritabilidad o pensamientos repetitivos.

No existe una única manera de reaccionar ante una emergencia.

La OMS señala que la mayoría de las personas afectadas por emergencias experimentan algún grado de malestar psicológico, aunque para una parte de ellas las dificultades pueden evolucionar hacia problemas de salud mental que requieren atención profesional.

Por eso es importante no juzgar la reacción emocional de los demás ni exigirles que “ya estén bien”.

La calma también se contagia No necesitamos convertirnos en terapeutas. A veces basta con estar presentes y transmitir: “Estoy aquí. Estás acompañado. Vamos paso a paso.”

 

¿Cuándo debemos pedir ayuda?

La ansiedad después de una emergencia merece atención cuando empieza a interferir de manera importante con la vida cotidiana.

Es recomendable buscar ayuda profesional si persisten o aumentan síntomas como:

  • ataques de pánico frecuentes;
  • insomnio intenso;
  • miedo que impide salir o realizar actividades cotidianas;
  • pensamientos intrusivos relacionados con el terremoto;
  • sobresaltos constantes;
  • aislamiento;
  • irritabilidad intensa;
  • consumo de alcohol u otras sustancias para intentar calmarse;
  • sensación persistente de no estar seguro aunque ya haya pasado la emergencia.

Pedir ayuda no significa ser débil. Significa reconocer que algunas experiencias superan temporalmente nuestra capacidad de regulación y que podemos necesitar acompañamiento.

 

Después de la emergencia también hay que cuidar la mente

El terremoto del 10 de agosto nos recordó que las emergencias no terminan necesariamente cuando deja de moverse el suelo. También comienza un proceso emocional. Recuperar las rutinas, descansar, alimentarse adecuadamente, mantenerse acompañado, limitar la exposición a imágenes perturbadoras y hablar de lo ocurrido pueden ayudar al cerebro a recuperar progresivamente su sensación de seguridad.

 

Y hay una idea fundamental para llevarnos de esta experiencia:

No podemos controlar cuándo ocurre una emergencia, pero sí podemos aprender a responder a ella con mayor preparación emocional.

La ansiedad intenta protegernos. No siempre podemos evitar que aparezca, pero podemos aprender a reconocerla, regularla y pedir ayuda cuando sea necesario.

Porque recuperar la calma no significa olvidar lo que pasó.

Significa volver a sentir que podemos seguir adelante.

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Tatiana-Diaz

Por:  Tatiana Diaz Zapata

Realizadora y presentadora Tele VID

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