El cuerpo: un templo que merece cuidado

Con frecuencia escuchamos la expresión: “Nuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo”. Más allá de una frase espiritual, esta afirmación nos invita a reflexionar sobre la manera en que tratamos nuestro cuerpo cada día.

Cuidar el cuerpo no significa buscar la perfección física ni responder a los estándares de belleza que impone la sociedad; significa reconocer que es un regalo de Dios, el medio a través del cual amamos, servimos, trabajamos, compartimos y disfrutamos de la vida. Por eso, merece respeto, gratitud y buenos hábitos.

 

Alimentarnos de manera equilibrada, descansar lo suficiente, mantenernos activos y acudir al médico cuando es necesario también son formas de honrar ese regalo. Del mismo modo, cuidar nuestra salud emocional y espiritual hace parte de ese compromiso, porque cuerpo, mente y espíritu están profundamente unidos.

En la primera carta a los Corintios (6, 19-20), San Pablo recuerda:” “¿No saben que su cuerpo es templo del Espíritu Santo…? Glorifiquen, pues, a Dios con su cuerpo.” Este llamado no busca generar culpa, sino motivarnos a vivir con responsabilidad y amor hacia nosotros mismos.

Cada pequeño hábito cuenta: elegir alimentos saludables, caminar unos minutos al día, dormir bien, evitar los excesos y dedicar tiempo a la oración o al silencio son decisiones que fortalecen nuestra salud integral. Cuidar el cuerpo como templo no es un acto de vanidad, es un acto de gratitud. Cuando valoramos el don de la vida y procuramos nuestro bienestar, estamos mejor preparados para amar, servir y cumplir la misión que Dios ha puesto en nuestras manos.

Justamente de este tema estuvimos hablando en el programa ¿Qué Pasa en Casa? con la psicóloga Liliana Vásquez.

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Viviana-Arango

Por: Viviana Arango

Realizadora y presentadora Tele VID

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