AÑO IGNACIANO

“Para la mayor gloria de Dios”

San Ignacio de Loyola fue un militar español, que luego de ser impactado por una bala de cañón en una batalla, se consagró en Jesús después de leer su historia junto con la de otros Santos. Entendiendo la vida humilde y modesta del Hijo de Dios, San Ignacio decide despojarse de todo lujo, para iniciar una nueva vida basada en la oración, la sencillez y la penitencia. Su encuentro con Dios fue de tal devoción, que escribió un libro de ejercicios espirituales basado en sus experiencias y alrededor de 6.800 cartas. Más tarde fundó la Compañía de Jesús, conocida como los Jesuítas la cual dirigió hasta su fallecimiento.

La congregación Jesuita tiene presencia en diferentes países del mundo, enfocada en centros de estudios y universidades. Su fundador fue canonizado en 1622 por el Papa Gregorio XV y es el Santo de quienes ejercen los hábitos espirituales. 

Este 20 de mayo de 2021 se conmemoran 500 años de la experiencia ignaciana, un motivo para celebrar su consagración, en un solemne encuentro con Dios Padre y Dios Hijo, como lo dice el sacerdote venezolano Arturo Sosa SJ “San Ignacio no es el centro de este Año Ignaciano, es el medio a través del cual necesitamos ir a Cristo. Cristo debe estar siempre en el centro”. 

Dedica parte de tu tiempo a fortalecer ese vínculo con Dios y escucha su llamado para amar, servir y ayudar a los demás conforme a su voluntad.

Mensaje del Papa a los participantes en “Peregrinos con Ignacio”
Santa Misa de apertura al año Ignaciano en Pamplona
San Inagcio de loyola

Oración de entrega - San Ignacio

Tomad, Señor, y recibid

toda mi libertad,

mi memoria,

mi entendimiento

y toda mi voluntad;

todo mi haber y mi poseer.

Vos me disteis,

a Vos, Señor, lo torno.

Todo es Vuestro:

disponed de ello

según Vuestra Voluntad.

Dadme Vuestro Amor y Gracia,

que éstas me bastan.

Amén.

Alma de Cristo - San Ignacio

Alma de Cristo, santifícame.

Cuerpo de Cristo, sálvame.

Sangre de Cristo, embriágame.

Agua del costado de Cristo, lávame.

Pasión de Cristo, confórtame.

¡Oh, buen Jesús!, óyeme.

Dentro de tus llagas, escóndeme.

No permitas que me aparte de Ti.

Del maligno enemigo, defiéndeme.

En la hora de mi muerte, llámame.

Y mándame ir a Ti.

Para que con tus santos te alabe.

Por los siglos de los siglos.

Amén.

Loyola