¿Quién fue Jesús? ¿Qué secreto se encierra en este galileo fascinante, nacido hace dos mil años en una aldea insignificante del Imperio romano y ejecutado como un malhechor cerca de una vieja cantera, en las afueras de Jerusalén, cuando rondaba los treinta años? ¿Quién fue este hombre que ha marcado decisivamente la religión, la cultura y el arte de Occidente hasta imponer incluso su calendario? Probablemente nadie ha tenido un poder tan grande sobre los corazones; nadie ha expresado como él las inquietudes e interrogantes del ser humano; nadie ha despertado tantas esperanzas. ¿Por qué su nombre no ha caído en el olvido? ¿Por qué todavía hoy, cuando las ideologías y religiones experimentan una crisis profunda, su persona y su mensaje siguen alimentando la fe de tantos millones de hombres y mujeres? Este programa pretende aclarar un poco estas dudas.

Judío de Galilea

Se llamaba Yeshúa, y a él probablemente le agradaba. Según la etimología más popular, el nombre quiere decir “Yahvé salva”. Yeshúa es la forma abreviada de Yehoshúa y quiere decir «Yahvé salva». Filón de Alejandría, filósofo judío contemporáneo de Jesús, dice en una de sus obras que Jesús significa «salvación del Señor». Se lo había puesto su padre el día de su circuncisión. Era un nombre tan corriente en aquel tiempo que había que añadirle algo más para identificar bien a la persona. El historiador judío Flavio Josefo menciona en sus escritos no menos de diez personas de la época de Jesús que llevan este mismo nombre. Antes del exilio a Babilonia, la forma de este nombre era «Josué». En su pueblo, la gente lo llamaba Yeshúa bar Yosef, “Jesús, el hijo de José”. En otras partes le decían Yeshúa ha-notsrí, “Jesús el de Nazaret”. El nombre de Jesús en castellano se deriva de la forma griega Iesous. En la Galilea de los años treinta era lo primero que interesaba conocer de una persona: ¿de dónde es?, ¿a qué familia pertenece? Si se sabe de qué pueblo viene y de qué grupo familiar es, se puede conocer ya mucho de su persona. 

Vecino de Nazaret

Según las fuentes cristianas, Jesús aparece de pronto como un profeta itinerante que recorre los caminos de Galilea, después de haberse distanciado de Juan el Bautista. Es como si antes no hubiera existido. Tanto el evangelio de Mateo como el de Lucas ofrecen en sus dos primeros capítulos un conjunto de relatos en torno a la concepción, nacimiento e infancia de Jesús Son Conocidos tradicionalmente como “evangelios de la infancia” Ambos ofrecen notables diferencias entre sí en cuanto al contenido, estructura general, redacción literaria y centros de interés. El análisis de los procedimientos literarios utilizados muestra que más que relatos de carácter biográfico son composiciones Cristianas elaboradas a la luz de la fe en Cristo resucitado. Se aproximan mucho a un género literario llamado midras hagádlco, que describe el nacimiento de Jesús a la luz de hechos, personajes o textos del Antiguo Testamento No fueron redactados para informar sobre los hechos ocurridos (probablemente se sabía poco), sino para proclamar la Buena Noticia de que Jesús es el Mesías davídico esperado en Israel y el HIJO de DlOS nacido para salvar a la humanidad. Así piensan especialistas como Holzmann, Benolt, Vague, TrIllIng, RIgaux, Laurentm, Muñoz Iglesias o Brown. De ahí que la mayoría de los investigadores sobre Jesús comiencen su estudio a partir del bautismo en el Jordán. 

Vecino de Nazaret parte 2

El pueblo de Jesús Nazaret era un pequeño poblado en las montañas de la Baja Galilea. Las diferentes excavaciones han logrado descubrir el emplazamiento de diecinueve poblados en la zona montañosa de Nazaret y sus alrededores. El tamaño de las aldeas de Galilea, su disposición y emplazamiento variaba bastante. Algunas estaban situadas en lugares protegidos, otras se asentaban sobre un alto. En ninguna se observa un trazado pensado de antemano, como en las ciudades helénicas. De Nazaret sabemos que estaba a unos 340 metros de altura, en una ladera, lejos de las grandes rutas, en la región de la tribu de Zabulón. Una quebrada conducía en rápido descenso al lago de Genesaret. No parece que hubiera verdaderos caminos entre las aldeas. Tal vez el más utilizado era el que llevaba a Séforis, capital de Galilea cuando nació Jesús. Por lo demás, el poblado quedaba retirado en medio de un bello paisaje rodeado de alturas. En las pendientes más soleadas, situadas al sur, se hallaban diseminadas las casas de la aldea y muy cerca terrazas construidas artificialmente donde se criaban vides de uva negra; en la parte más rocosa crecían olivos de los que se recogía aceituna. En los campos de la falda de la colina se cultivaba trigo, cebada y mijo. En lugares más sombreados del valle había algunos terrenos de aluvión que permitían el cultivo de verduras y legumbres; en el extremo occidental brotaba un buen manantial. En este entorno se movió Jesús durante sus primeros años: cuesta arriba, cuesta abajo y algunas escapadas hacia unos olivos cercanos o hasta el manantial.

Judíos con rasgos propios

¿Quiénes eran estos galileos que poblaban el país de Jesús? El profeta Isaías, desde la capital judía de Jerusalén, había hablado de la “Galilea de los gentiles”. Nunca fue del todo cierto. No sabemos exactamente lo que sucedió con las tribus del norte después de que los asirios conquistaran el territorio y convirtieran Galilea en una provincia de Asiria. Hasta hace poco Jesús / Aproximación Histórica 22 se pensaba que los asirios habían deportado solamente a las clases dirigentes, dejando a los campesinos cultivando las tierras. Sin embargo, las excavaciones más recientes constatan un gran vacío de población durante este período. Las excavaciones más recientes constatan un vacío grande de población después de la conquista asiria del siglo VIII a. C. Por el contrario, se observa un incremento demográfico sustancial durante el período asmoneo (167-63 a. C.) (Reed). Probablemente solo quedaron algunos campesinos. No sabemos prácticamente nada de estos “galileos” viviendo lejos de Jerusalén, en un territorio invadido a lo largo de seis siglos por asirios, babilonios, persas, ptolomeos y seléucidas. Probablemente se mantuvieron fieles a Yahvé, el Dios de Israel, y conservaron las grandes tradiciones del Éxodo, la Alianza, la ley de Moisés o la celebración del sábado, pero no sin dificultades. Por una parte, no poseían un centro de culto como el de Jerusalén. Por otra, no contaban con una aristocracia sacerdotal nativa o una clase dirigente que pudiera custodiar y cultivar las tradiciones de Israel, como sucedía en Judea. Nada tiene, pues, de extraño que se desarrollaran tradiciones, costumbres y prácticas locales algo diferentes de las que se vivían en Judea.

En el seno de una familia Judía

En Nazaret, la familia lo era todo: lugar de nacimiento, escuela de vida y garantía de trabajo. Fuera de la familia, el individuo queda sin protección Jesús / Aproximación Histórica 31 ni seguridad. Solo en la familia encuentra su verdadera identidad. Esta familia no se reducía al pequeño hogar formado por los padres y sus hijos. Se extendía a todo el clan familiar, agrupado bajo una autoridad patriarcal y formado por todos los que se hallaban vinculados en algún grado por parentesco de sangre o por matrimonio. Dentro de esta “familia extensa” se establecían estrechos lazos de carácter social y religioso. Compartían los aperos o los molinos de aceite; se ayudaban mutuamente en las faenas del campo, sobre todo en los tiempos de cosecha y de vendimia; se unían para proteger sus tierras o defender el honor familiar; negociaban los nuevos matrimonios asegurando los bienes de la familia y su reputación. Con frecuencia, las aldeas se iban formando a partir de estos grupos familiares unidos por parentesco.

Buscador de Dios

No sabemos cuándo y en qué circunstancias, pero, en un determinado momento, Jesús deja su trabajo de artesano, abandona a su familia y se aleja de Nazaret. No busca una nueva ocupación. No se acerca a ningún maestro acreditado para estudiar la Torá o conocer mejor las tradiciones judías. No marcha hasta las orillas del mar Muerto para ser admitido en la comunidad de Qumrán. Tampoco se dirige a Jerusalén para conocer de cerca el lugar santo donde se ofrecen sacrificios al Dios de Israel. Se aleja de toda tierra habitada y se adentra en el desierto. La hondura y madurez de su talante religioso hace pensar a algunos que Jesús vivió un período de búsqueda antes de encontrarse con el Bautista. Flavio Josefo habla de la búsqueda que inició él mismo cuando tenía alrededor de dieciséis años y que le llevó también hasta el desierto, donde convivió durante tres años con “un hombre del desierto” llamado Banus (Autobiografía 2,10-12)

El nuevo comienzo

Juan no pretende hundir al pueblo en la desesperación. Al contrario, se siente llamado a invitar a todos a marchar al desierto para vivir una conversión radical, ser purificados en las aguas del Jordán y, una vez recibido el perdón, poder ingresar de nuevo en la tierra prometida para acoger la inminente llegada de Dios. Dando ejemplo a todos, fue el primero en marchar al desierto. Deja su pequeña aldea y se dirige hacia una región deshabitada de la cuenca oriental del Jordán. El lugar queda en la región de Perea, a las puertas de la tierra prometida, pero fuera de ella. Los estudios más recientes sobre el Bautista (Stegemann, Meier, Webb, Vidal) lo sitúan bautizando al este del Jordán, en el territorio de Perea, que estaba bajo la jurisdicción de Antipas. Esto explica que pudiera encarcelarlo y ejecutarlo en la fortaleza de Maqueronte, al sur de Perea. En Judea gobernaba en este momento Poncio Pilato. 

La “conversión” de Jesús

En un determinado momento, Jesús se acercó al Bautista, escuchó su llamada a la conversión y se hizo bautizar por él en las aguas del río Jordán. El hecho ocurrió en torno al año 28, y es uno de sus datos más seguros. En las primeras comunidades cristianas, a nadie se le habría ocurrido inventar un episodio tan embarazoso, que no podía sino crear dificultades a los seguidores de Jesús. Dos eran, sobre todo, los problemas que planteaba su bautismo. Si había aceptado ser bautizado por Juan ¿no era Jesús inferior al Bautista? Más aún, si había bajado al Jordán como todos, confesando los pecados, ¿no era también Jesús un pecador? Estas cuestiones no eran nada teóricas, pues algunos cristianos vivían, probablemente, en contacto con ambientes bautistas que seguían a Juan y no a Jesús.

Los cristianos no pudieron negar el hecho, pero lo presentaron de tal manera que no menoscabara la dignidad de Jesús. Marcos, el evangelista más antiguo, afirma: Jesús “fue bautizado por Juan en el Jordán”, pero inmediatamente añade que, al salir de las aguas, Jesús tuvo una experiencia extraña: vio que el Espíritu de Dios descendía sobre él “como una paloma”, y escuchó una voz que desde el cielo le decía: “Tú eres mi hijo amado”. De esta manera, todos podían entender que, a pesar de haberse dejado bautizar por Juan, Jesús era en realidad aquel personaje “más fuerte” del que hablaba el Bautista; el que iba a venir tras él a “bautizar con espíritu” (Marcos 1,9-11). Mateo da un paso más. Cuando Jesús se acerca a ser bautizado, el Bautista trata de apartarlo con estas palabras: “Soy yo el que necesita ser bautizado por ti, ¿y tú vienes a mí?”. Jesús le responde: “Conviene que cumplamos toda justicia”. Así pues, ha de quedar claro que Jesús no necesita ser bautizado; si lo hace es por alguna razón desconocida que lo empuja a actuar así (Mateo 3,14-15). Lucas no necesita ya hacer ningún retoque, pues, aunque menciona el bautismo de Jesús, suprime la intervención del Bautista (está ya encarcelado por Antipas).

El nuevo proyecto de Jesús

El movimiento iniciado por el Bautista se empezaba a notar en todo Israel. Incluso los grupos tachados de indignos y pecadores, como los recaudadores de impuestos o las prostitutas, acogen su mensaje. Solo las elites religiosas y los herodianos del entorno de Antipas se resisten (Fuente Q (Lucas 7,33// Mateo 11,18; Lucas 7,29-30 / / Mateo 21,21-32); Lucas 3,10-14.) De ordinario, todo entusiasmo del pueblo por un nuevo orden de cosas solía inquietar a los gobernantes. Por otra parte, el Bautista denunciaba con valentía el pecado de todos y no se detenía siquiera ante la actuación inmoral del rey. Juan se convierte en un profeta peligroso sobre todo cuando Herodes repudia a su esposa para casarse con Herodías, mujer de su hermanastro Filipo, a la que había conocido en Roma durante sus años juveniles. No es difícil entender la inquietud y malestar que provocó este hecho. Antipas estaba casado con la hija de Aretas IV, rey de Nabatea. El matrimonio había sido bien acogido, pues sellaba la paz entre la región de Perea y aquel pueblo fronterizo, siempre hostil y guerrero. Ahora, sin embargo, este divorcio rompe de nuevo la estabilidad.

Horario: Jueves 5:30 pm

Presentación: Padre Pedro Justo Berrio