AUDIENCIA GENERAL

Miércoles 15 de diciembre de 2021

“San José hombre de silencio”

El día de hoy celebramos la cuarta catequesis sobre San José. Después de haber ilustrado el entorno en el que vivió , su papel en la historia de la salvación y su ser justo y el marido de María, hoy quisiera examinar otro aspecto importante de su figura: el silencio. Los Evangelios no traen ninguna palabra de José de Nazaret, nada, nunca habló. Detrás de esto existe una razón profunda.  Con su silencio, José confirma lo que escribe san Agustín: «En la medida en que el Verbo, el Verbo hecho hombre, crece en nosotros  las palabras disminuyen”.

El silencio de José no es solo silencio; es un silencio lleno de escucha, un silencio trabajador, un silencio que resalta su gran interioridad. Jesús creció en esta «escuela», en la casa de Nazaret, con el ejemplo diario de María y José. Y no es de extrañar que él mismo busque espacios de silencio en sus días (cf. Mt 14, 23).

Qué lindo sería si cada uno de nosotros, siguiendo el ejemplo de San José, pudiéramos recuperar esta dimensión contemplativa de la vida abierta por el silencio. Pero todos sabemos por experiencia que no es fácil: el silencio nos asusta un poco, porque nos pide adentrarnos en nosotros mismos y encontrarnos con la parte más verdadera de nosotros mismos. Y mucha gente le tiene miedo al silencio, tiene que hablar, hablar, hablar o escuchar, radio, televisión…, pero el silencio no puede aceptarlo porque tiene miedo.

La sabiduría bíblica afirma que «la muerte y la vida están en poder de la lengua: el que haga buen uso de ella, comerá de sus frutos» ( Pr 18,21). Por eso debemos aprender de José a cultivar el silencio: ese espacio de interioridad en nuestros días en el que damos la posibilidad al Espíritu de regenerarnos, consolarnos, corregirnos. No digo caer en el silencio, no, sino cultivar el silencio.

Concluimos con una oración:

San José, hombre de silencio,

tú que no pronunciaste palabra alguna en el Evangelio,

enséñanos a ayunar desde las palabras vacías,

a redescubrir el valor de las palabras que edifican, animan, consuelan, sostienen.

Acércate a quienes sufren de palabras hirientes,

como calumnias y murmuraciones,

y ayúdanos a unir siempre las palabras con los hechos.

Amén.

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