ÁNGELUS

Miércoles 8 de diciembre

“María, llena eres de gracia”

En la liturgia del pasado miércoles 8 de diciembre, celebración de la Solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, el evangelio  nos hace entrar en su casa de Nazaret, donde recibe el anuncio del ángel (cf. Lc 1,26-38). El ángel la llama «llena de gracia». Si está llena de gracia, significa que la Virgen está vacía de maldad, es sin pecado, Inmaculada. Ahora, ante este saludo María —dice el texto— «se conturbó» (Lc 1,29). No solo está sorprendida, sino también turbada. Pues recibir elogios puede despertar orgullo y presunción. María, en cambio, no se enaltece, sino que se turba; en lugar de sentirse halagada, siente asombro. 

Así, entre las paredes de la casa de Nazaret vemos un rasgo maravilloso. ¿Cómo es el corazón de María? Tras recibir el más grande de los cumplidos, María actúa con humildad. No siente autocomplacencia, no se exalta. Porque sabe que todo lo recibe de Dios, por tanto, está libre de sí misma. completamente orientada a Dios y a los demás. María Inmaculada no tiene ojos para sí misma. Aquí está la verdadera humildad: no tener ojos para uno mismo, sino para Dios y para los demás. 

Queridos hermanos y hermanas, ¡esta es una noticia extraordinaria para nosotros! Porque nos dice que el Señor, para hacer maravillas, no necesita grandes medios ni nuestras sublimes habilidades, sino nuestra humildad, nuestra mirada abierta a Él y abierta también a los demás.

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