ÁNGELUS

Plaza de San Pedro

Domingo 5 de septiembre de 2021

“LA ESCUCHA SANA EL CORAZÓN”

El evangelio de la liturgia del pasado domingo 5 de Septiembre del 2021 presenta a Jesús sanar a una persona sorda y muda. Este prodigio se convierte en particular, pues llama la atención la forma en que el Señor lo realiza: se lleva al sordomudo a un lado, se tapa los oídos con los dedos y se toca la lengua con saliva, luego mira hacia el cielo, suspira y dice: «Effatà «, es decir, «¡Ábrete!» (Mc 7, 33-34). Resulta extraño porque con otras enfermedades igual de graves como lepra o parálisis Jesús no realiza mayores gestos. ¿Por qué hace esto?, se pregunta el Papa. Quizás porque la condición de esa persona tiene un valor simbólico singular. Ser sordo y mudo es una enfermedad, pero también es un símbolo, y este símbolo tiene algo que decirnos a todos. ¿De qué se trata? Se trata de sordera. Ese hombre no podía hablar porque no podía oír.

Todos tenemos oídos, pero muchas veces somos incapaces de escuchar. ¿Por qué? Preguntó el Papa Francico a los presentes. Hay de hecho una sordera interior, que hoy podemos pedirle a Jesús que toque y sane. Y esa sordera interior es peor que la física, porque es la sordera del corazón. Llevados por las prisas, por mil cosas para decir y hacer, no encontramos tiempo para detenernos y escuchar a quienes nos hablan. Preguntémonos: ¿cómo es mi escucha?, ¿sé dedicar tiempo a los que me rodean para que me escuchen?. La curación del corazón comienza con la escucha.

Y lo mismo ocurre con el Señor, hacemos bien en inundarlo con solicitudes, pero es mejor que lo escuchemos primero. Jesús lo pregunta en el Evangelio, cuando se le pregunta cuál es el primer mandamiento, responde: » Escucha, Israel». Luego añade el primer mandamiento: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón […] y a tu prójimo como a ti mismo» (Mc 12, 28-31). Pero antes que nada: » Escucha, Israel». ¿Nos acordamos de escuchar al Señor? somos cristianos pero quizás, entre las miles de palabras que escuchamos todos los días, no encontremos unos segundos para hacer resonar en nosotros algunas palabras del Evangelio. Jesús es la Palabra: sino nos detenemos a escucharlo, pasa. San Agustín decía: “Temo al Señor cuando pasa”. Y el miedo era dejarlo pasar sin escucharlo.

Es momento de reflexionar y preguntarnos ¿sé dedicar tiempo a los que me rodean para que me escuchen?

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