ÁNGELUS

Domingo 31 de octubre de 2021

¿Soy un Cristiano Alegre?

El pasado 1 de noviembre se celebró el ángelus y el día de todos los santos, en la liturgia se destacó el mensaje “programático” de Jesús, que son las bienaventuranzas (cf. Mt 5, 1-12a). Allí nos muestran el camino que conduce al reino de Dios y la felicidad: el camino de la humildad, compasión, mansedumbre, justicia y paz. Afirma el papa Francisco, ser santo es caminar por este camino. Centrémonos ahora en dos aspectos de este estilo de vida: la alegría y la profecía.

Alegría: Jesús comienza con la palabra “Bendito” (Mt 5,3). Es el primer anuncio de una felicidad sin precedentes, la bienaventuranza, no es un programa de vida compuesto únicamente de esfuerzos y renuncias, sino sobre todo el gozoso descubrimiento de ser hijos amados por Dios. Somos santos porque Dios, que es el Santo, viene a habitar nuestra vida. ¡Por eso somos bendecidos! Sin alegría, la fe se convierte en un ejercicio riguroso y opresivo, y corre el riesgo de enfermarse de tristeza. Preguntémonos: ¿Soy un cristiano alegre?, recordemos que no hay santidad sin alegría.

Por otro lado, el segundo aspecto, la profecía: Las Bienaventuranzas están dirigidas a los pobres, los afligidos, los hambrientos de justicia. Es un mensaje en contracorriente. De hecho, la sociedad dice que para tener felicidad debes ser rico, poderoso, siempre joven y fuerte, disfrutar de la fama y el éxito. Jesús en cambio, anula estos criterios y hace un anuncio profético:  la verdadera plenitud de vida se alcanza siguiendo a Jesús, practicando su Palabra. Y esto significa otra pobreza, es decir, ser pobre por dentro, vaciarse para dar lugar a Dios. Quien se cree rico, exitoso y seguro, todo lo basa en sí mismo y se cierra a Dios y a sus hermanos, mientras que los que conocen ser pobre y no autosuficiente permanece abierto a Dios y al prójimo. Y encuentra alegría. Las Bienaventuranzas, entonces, son la profecía de una nueva humanidad , de una nueva forma de vivir: hacerse pequeño y encomendarse a Dios, en lugar de emerger sobre los demás. 

Para culminar el Santo Padre pide que la Santísima Virgen nos dé algo de su alma, esa alma bendita que engrandeció gozosamente al Señor, que «derriba del trono a los poderosos y exalta a los humildes» (cf. Lc 1,52).

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos requeridos están marcados *

Publicar comentario