ÁNGELUS

Domingo 28 de noviembre de 2021

“Estén atentos orando en todo momento”

El Evangelio de la Liturgia del pasado domingo 28 de noviembre, primer domingo de Adviento, es decir, el primer domingo de preparación para Navidad, nos habla de la venida del Señor al final de los tiempos. Jesús anuncia acontecimientos desoladores y tribulaciones, pero precisamente en este punto nos invita a no tener miedo. ¿Por qué? porque Él vendrá. Jesús regresará, Jesús vendrá, lo ha prometido. Dice así: “Tengan ánimo y levanten la cabeza, porque está por llegarles la liberación” (Lc 21,28).  Es bueno escuchar esta palabra de aliento.  Pero, ¿cómo levantar la cabeza, cómo no dejarse absorber por las dificultades, los sufrimientos y las derrotas? Jesús nos muestra el camino con una fuerte llamada: «Estén atentos para que sus corazones no se agobien […]. Estén atentos orando en todo momento» (vv. 34, 36). 

“Estén atentos”, la vigilancia. Detengámonos en este importante aspecto de la vida cristiana. De las palabras de Cristo observamos que la vigilancia está ligada a la atención. La vigilancia significa no permitir que tu corazón se vuelva perezoso y que tu vida espiritual se ablande en la mediocridad. Ten cuidado porque se puede ser «cristiano adormecido».

Necesitamos estar atentos para no arrastrar nuestros días a la costumbre, para no ser agobiados —dice Jesús— por las cargas de la vida (cf. v. 34).  Hoy, pues, es una buena oportunidad para preguntarnos: ¿qué pesa en mi corazón? Y con respecto a las cargas que pesan sobre los hombros de los hermanos, ¿estoy atento o soy indiferente? Estas preguntas nos hacen bien, porque ayudan a guardar el corazón de la acedia. La acedia es un gran enemigo de la vida espiritual, también de la vida cristiana, es pereza, un espíritu maligno que nos sume en la tristeza.  El Libro de los Proverbios dice: «Guarda tu corazón, porque de él mana la vida» (Pr 4,23).

Es la oración la que mantiene encendida la lámpara del corazón. Especialmente cuando sentimos que nuestro entusiasmo se enfría, la oración lo reaviva, porque nos devuelve a Dios, al centro de las cosas. La oración despierta el alma del sueño y la centra en lo que importa, en el propósito de la existencia. Incluso en los días más ajetreados, no descuidemos la oración.

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